ARTE TORREHERBEROS: Técnicas
RICHARD ESTES. "Water Taxi, Mount Desert". Óleo sobre lienzo. Kemper Museum of Contemporary Art, Kansas City (Missouri).


BIENVENIDOS A TODOS Y TODAS. Este blog nace con la única pretensión de complementar y facilitar las tareas a los alumnos/as de Historia del Arte de 2º de Bachillerato del IES Torre de los Herberos de Dos Hermanas (Sevilla), así como hacer pasar un rato agradable a todos los amantes del arte. No tiene ninguna otra pretensión intelectual. De los textos es responsable el administrador del Blog, no así de las opiniones expresadas en los comentarios. Las imágenes o fotografías, videos y presentaciones están tomadas de internet mayoritariamente, citando la autoría siempre que ha sido posible; si en alguna de ellas no aparece, es por error o descuido, y ruego que me lo hagan llegar para subsanarlo. Casi todo lo que aparece en estas páginas es libre y abierto, y se puede descargar para otros fines, pidíéndose únicamente que se cite la procedencia.





Mostrando entradas con la etiqueta Técnicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Técnicas. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de septiembre de 2012

EL VALOR, MERCADO, CONSUMO Y PROTECCIÓN DE LA OBRA DE ARTE



Frank Lloyd Whright. Salomon Guggenheim Museum. 1937. Nueva York.

Los juicios sobre el valor de las obras de arte varían históricamente porque dependen del sistema de valores vigente en cada época. Por tanto, la calidad artística, no es un valor intrínseco y propio únicamente de la obra. Lo que llamamos calidad es una atribución del valor, algo que no puede definirse fuera de las normas, convenciones, intereses y gustos existentes en el momento en que se producen las obras y en el contexto desde el cual se interpretan. Por tanto, hay que destacar el relativismo y variabilidad histórica de los juicios de valor en el sentido de las fluctuaciones que la historia del  arte nos muestra en relación con la valoración o desvaloración de obras y artistas.      
Sin embargo, ciertas obras y artistas han mantenido una lata estimación sociocultural sin que se haya puesto en duda su calidad. Así, debe de existir aspectos que posibiliten una apreciación razonada y bastante objetiva: su contexto. Así pues, hay que situar a la obra en el espacio y en el tiempo. El grado de innovación, de creatividad, de aportación técnico-lingüística sobre otras obras sólo se puede apreciar por contraste. El grado de habilidad técnica dentro de las normas de determinado estilo puede comprobarse con bastante objetividad. Todos los estilos poseen normas y convenciones y, dentro de ellos, se puede comprobar fácilmente si algunos artistas han resuelto mejor que otros determinados problemas (Ej, la perspectiva en los pintores del Renacimiento).
Desde la antigüedad clásica se ha valorado bastante la unidad dentro de la variedad: las obras de arte destacan por su unidad, pero al mismo tiempo por su complejidad. Asimismo se destacan los valores universales: obras que tratan genéricamente de la condición humana y que poseen un alto grado de comunicación intercultural y transcronológica. Por tanto, todos los que se interesen por ellas se encontrarán siempre una fuente de conocimientos, sean de la época que sea. Los denominados clásicos tienen ese carácter de apertura y perduración.

 Vincent Van Gogh. Viñedo rojo. Óleo sobre lienzo. 1890. Museo Puskhin. Moscú.

¿Quiénes deciden el valor artístico de las obras? El campo del arte tiene sus expertos, como cualquier otra actividad. Son ellos los que estudian las obras, establecen criterios de interpretación y de apreciación y, en definitiva, atribuyen y defienden cierto grado de valor que será más o menos consensuado por la sociedad. Evidentemente, sus opiniones serán más valoradas por los grupos sociales más afines, siendo rechazadas, a veces, por el resto. Otro problema a tener en cuenta dentro de la valoración de la obra de arte es su valor económico. En general los precios del arte vienen determinados por la ley de la oferta y la demanda y su cotización no tienen ninguna relación con la calidad. Cuando se paga una altísima cantidad de dinero se hace por escasez en el mercado de obras de arte de ese artista, por capricho o por la firma del artista, al margen de la calidad (Van Gogh no vendió ni un solo cuadro en vida y hoy es uno de los pintores más cotizados).

Hoy día, nos encontramos con una oferta muy amplia de objetos denominados "de arte". La distinción entre lo que tiene valor artístico y lo que no, viene marcada por su valor económico ya que existe una enorme actividad comercial alrededor de la creación artística, convirtiéndose en consecuencia la obra de arte en un objeto más de consumo.
 Si miramos hacia el pasado, ya desde la época helenística, se fomento el consumo y coleccionismo del arte. En la Edad Media y durante muchos siglos después, es la Iglesia la que ocupa un papel preponderante como cliente del arte. En el Renacimiento, se desarrolló la figura del mecenas, como persona que ayuda al artista desde un punto de vista económico y vital. En los siglos XVII y XVIII, son las monarquías europeas, las que protegen y atraen a los artistas a sus cortes. Sin embargo, el mayor auge del coleccionismo y, por tanto, de consumo artístico, se produce en la segunda mitad del siglo XIX, con la llegada al mercado del arte de los americanos, a los que se unen en el siglo XX los compradores japoneses y alemanes.              
 Las fuertes cantidades económicas que se mueven actualmente en el mercado artístico, han fomentado la aparición de intermediarios como son los galeristas y marchantes, que utilizan las exposiciones en salas de arte, galerías y ferias como centros de operaciones.

 Auguste Renoir. Retrato de Paul Durand-Ruel. Óleo sobre lienzo. 1910.


--La galería de arte, es una firma comercial que tiene colección de objetos de arte propios para vender y al mismo tiempo, hace exposición de sus fondos o de los de algún artista con el que contacta.
 --La sala de arte o de exposición, se diferencia de la galería, en que no tiene ni artistas ni fondos propios. Ambas pueden ser públicas o privadas y en ambas se funde el interés cultural con el económico.
 --Las ferias de arte, son certámenes anuales que reúnen a muchos artistas y firmas comerciales para dar a conocer sus últimas creaciones. Destacan entre ellas, la Feria de Colonia  en Alemania y ARCO en Madrid, que en 2002 ha celebrado su XX  edición.

En cuanto a la figura del marchante, cobra fuerza desde finales del siglo XIX hasta hoy. Controla la distribución de arte en un país así como las galerías de arte y los hay de dos tipos: el valorador, que expone su capital y prestigio en producir y promocionar artista independientemente del valor de la obra; y el revendedor, que vende, compra y promociona exposiciones de artistas consagrados. Es el más abundante y le interesan más los valores económicos que los culturales. Esta función la suele abarcar en la actualidad las grandes casas de subastas (Christi´s o Sotheby).
           
Podemos definir el museo como el espacio que facilita el encuentro entre la obra y el espectador, aunque la obra se halle fuera de contexto ya que no fue creada para ser expuesta en ellos, salvo excepciones como algunas pinturas en los Museos Vaticanos. Los museos, son creaciones de la sociedad contemporánea. Fue en Francia tras la Revolución Francesa, cuando se inició tras expropiar las obras de arte de la Monarquía, la acumulación de ellas para ser expuestas al público.

 Juan de Villanueva. Museo del Prado. 1786. Madrid.

 En España, fue en 1809, cuando se produce la primera disposición legal para crear un museo que recoja las obras de todos los edificios públicos, nace así el Museo del Prado.
 Inicialmente, la concepción tradicional del museo, lo sitúa como un almacén de obras. Será a partir del siglo XX, cuando se pasa de una exposición acumulativa a otra selectiva, de tal manera que el museo se convierte en un centro cultural, donde no sólo se expone sino que se promueve todo tipo de actividades culturales. Con esta nueva concepción, que llega hasta nuestros días, se intenta transformar a los museos en entidades dinámicas que exponen y catalogan sus obras, que fomentan la investigación, que organiza exposiciones de autores concretos con sus fondos y con otros prestados por otros museos, entidades culturales y particulares y que, además, se encargan de restaurar y conservar su patrimonio artístico. Todas estas actividades, requieren de una financiación económica que puede provenir del sector privado o como ocurre en España, puede proceder mayoritariamente de la Administración pública.
En cuanto a los tipos de museos, existen dos grandes grupos:

a) Museos Públicos: surgidos  a  partir de la segunda mitad del siglo XVIII y entre los que podemos citar el British Museum de Londres (1753), el Louvre de París (1793), el Prado en Madrid, el Metropolitan Museum de Nueva York, etc.
 b) Museos dedicados a personalidades artísticas o históricas: nacen en este siglo en honor de personas concretas y promovidos por "grupos de amigos de ..." o por la familia o "fundaciones". Son los casos de museos como los de Rembrandt y Van Gogh en Amsterdam o el de Dalí en Figueras.


Teatro-Museo Dalí. 1970-1974. Figueras (Gerona).
  
También se pueden clasificar los museos por sus contenidos en:

a)  Documentales: históricos, militares, geográficos, de ciencia, cera, etc.
b) Específicos de Arte: de temática muy amplia (arqueológicos, de Bellas Artes y de Arte Contemporáneo, de escultura o de Arte Romano).



Los temas relacionados con la protección, conservación y restauración del patrimonio artístico se han convertido, para las sociedades modernas, en elemento de interés público y fuente de controversia. Se discute la responsabilidad de quienes deben garantizar su preservación y, sobre todo, la sensibilidad de rehabilitadores. ¿Es lícito que un párroco en su iglesia despoje el templo de los vestigios suntuosos del barroco para acomodarlo a la sencillez emanada del Concilio Vaticano II? ¿Es lícito que un arquitecto municipal borre las huellas de un palacio renacentista urbano para convertirlo en una funcional sucursal bancaria? ¿Es lícito que un restaurador limpie con idéntico criterio histórico un cuadro depositado en un museo, que una imagen de culto que despierta veneración popular y cuya devoción reside en su aspecto ajado, en el oscurecimiento del rostro, en los regueros repintados de sangre o en los pies descarnados por los besos de los fieles?

La respuesta a estos interrogantes aparece nítidamente en la “Carta del Restauro”, promulgada en Venecia en 1964, cuya meta es salvaguardar la obra de arte, respetando los testimonios históricos que el tiempo le ha ido añadiendo. Sólo falta ya informar y concienciar a la ciudadanía de que la preservación del patrimonio artístico es la mayor herencia cultural que puede transmitirse a las generaciones venideras. Y ello se hace a través de instituciones culturales (como institutos de restauración dependientes de ministerios o consejerías autonómicas), a través de los centros educativos (asignaturas de patrimonio histórico y artístico) y a través de la protección legislativa y judicial (leyes de patrimonio).
El debate abierto sobre la conservación del tesoro artístico se ha extendido al ámbito del museo público, cuya institución debe responder, en los umbrales del siglo XXI, a tres finalidades: educar, enriquecer el patrimonio nacional y ser un depósito activo de la historia pasada y reciente. Originariamente, el museo surge en los círculos privados renacentistas, alentado por aficionados que coleccionaban antigüedades y obras modernas para decorar los gabinetes de sus viviendas y disfrutar de ellas; luego, llegado el caso, su propietario los mostraba al visitante, orgulloso de la calidad atesorada y del esfuerzo personal por elevarse sobre los tópicos vulgares. Durante los siglos XVII y XVIII, los reyes, la aristocracia, las altas dignidades eclesiásticas y la burguesía acomodada se convierten en coleccionistas apasionados. Pero tras las revoluciones liberales y los procesos desamortizadores del siglo XIX, muchas de estas propiedades, junto con los bienes de la iglesia, pasaron a la tutela del estado, que los instala en palacios y conventos para el disfrute del pueblo.

 Fotografía de Vasily Kandinsky. 1913.

 

El museo se convertía así en un depósito de lujo, en un espacio inmóvil que censuraba agriamente en 1912 el pintor ruso Kandinsky en su libro “De lo espiritual en el arte”, reclamando profundas alternativas:

 

“Imagínate un edificio, más o menos grande, dividido en salas; cada sala cubierta de lienzos de distintos tamaños, quizá miles de ellos. Todo ello está reproducido en un librito que lleva los nombres de los artistas y los cuadros. Libro en mano, la gente se pasea de pared en pared. Luego se van, ni más ricos ni más pobres, y vuelven a sus preocupaciones cotidianas, que no tienen nada que ver con el arte. ¿Para qué han venido?”

 

Acabar con la pasividad del público, mero observador de la tradición que se acumula en las salas de los museos, y convertirlo en sujeto activo de la experiencia estética es el gran reto de esta institución pública. Para ello es preciso construir edificios adecuados, donde el continente arquitectónico rime con el contenido expuesto. Sus gestores deben esforzarse por instalar pedagógicamente los fondos y acompañar la colección permanente de una programación de actividades, que hagan del centro un instrumento productor de comunicación y difusor de cultura. Ha de contar con espacios para restauración, investigación y exposiciones temporales que permitan celebrar acontecimientos históricos relevantes; todo ello, sin olvidar que es un centro de consumo y que debe saber comerciar. Urge que los patronos y administradores definan una política coherente de nuevas adquisiciones, comprando solamente con los caudales públicos aquellas obras singulares que rellenen carencias y, al mismo tiempo, alienten la participación de la sociedad civil a través de las asociaciones de amigos de los museos y el mecenazgo de entidades privadas. En suma, el museo debe convertirse en un lugar dinámico de encuentro, de colaboración y convocatoria cultural ciudadana a partir del artista y sus posibilidades creativas.

 


Con el fin de preservar todos los objetos que puedan tener un valor significativo para nuestra cultura, empleamos con frecuencia la expresión bienes culturales en lugar de patrimonio artístico.
Son bienes culturales  aquellos que tengan una gran importancia para el patrimonio cultural  de  los  pueblos,  como  las  construcciones  de  interés  histórico,  los  campos arqueológicos, las obras de arte, manuscritos, libros, colecciones científicas, colecciones importantes de libros, museos  etc. Con posterioridad se les han añadido las  imágenes en movimiento.
Desde el siglo XVIII, con el nacimiento de la mentalidad burguesa, las diferentes administraciones se vieron en la obligación de iniciar la protección de sus monumentos y obras  de  arte,  mediante  la  creación  de  academias,  fundaciones,  escuelas  de restauración etc.
Aunque a lo largo del siglo XX han sido muchas las instituciones que han velado por el patrimonio cultural de los  pueblos, la UNESCO ocupa un papel relevante. Siempre ha promovido  la  defensa  y  protección  de  todos  los  bienes  que  pueden  formar  el patrimonio  cultural  de  los  pueblos  con   la  colaboración,  tanto  de  instituciones internacionales como no gubernamentales. Una  de  las  grandes  aportaciones  de  la UNESCO ha sido la protección de algunos conjuntos monumentales y bienes culturales, declarándoles Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 Marcel Breuer. Sede de la UNESCO en París. 1953.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

¿A QUÉ LLAMAMOS ARTE?


 Joan Miró. La masía.

Se ha intentado definir a lo largo del tiempo de numerosas y muy variadas maneras, sin que en ningún caso parezca haberse llegado a una conclusión. Es más en los últimos tiempos lo que parece es que sea prácticamente imposible definirlo: Arte es todo lo que el hombre llama arte..., no existe realmente el arte, sino los artistas; en resumen el arte es un concepto complejo difícil de definir con palabras. Sin embargo, lo que nadie parece negar, es que el arte son sensaciones, sensaciones que nos conmueven o impresionan y nos provocan un determinado estado de ánimo. Pero para provocar esa emoción es necesario que la contemplación atraviese un proceso intelectual, es decir, se requiere una formación, saber mirar: descifrar y leer en las imágenes lo que el autor nos quiere trasmitir.

¿Cómo se aprende a mirar?.-
! Mirar una obra no significa decidir si gusta o no gusta ! , detrás de una imagen hay colores, luces, formas, símbolos escondidos…, que quieren decir algo; ello requiere un proceso de formación:

A-Hay que interpretar ese lenguaje, leer la intención del autor, etc.
B-Hay que conocer la morfología con la que construimos ese lenguaje
C-Ponerlo en relación con el momento histórico, porque la obra no tiene sentido fuera de su ámbito y de sus condicionamientos sociales, culturales, etc.

Escuela de Atenas. Venus de Milo.


            Ello va completando la formación del espectador, que una vez que ha educado su sensibilidad, está en disposición de convertirse en un adecuado receptor, consiguiendo que la obra se mantenga viva. Así, el análisis visual requiere entrenamiento. El primer paso es formarla, a partir de elementos más complejos, relacionados con la expresión estética. :

-La percepción: Es la que nos permite delimitar los elementos formales de la obra.
-La estructura: nos descubre los componentes de la obra de arte
-El significado y la época: La obra no tiene sentido si no quisiera decirnos algo. Su significado es esencial en la interpretación de la obra de arte
-El concepto de estilo: es un concepto muy relativo, (se puede construir un edificio gótico en el s. XVI y en el s. XX), pero nos permite clasificar la Historia del Arte.

Así pues,  queda claro que la expresión plástica (arquitectura, pintura, escultura, arte mobiliar, diseño, fotografía, cómic, cine, música, danza...) son modos de comunicación una forma de trasmitir mensajes. Dichos mensajes pueden ser múltiples y concuerdan con el contexto histórico y cultural de cada época grandes rasgos podríamos diferenciar los siguientes mensajes e ideas:

-- Mensaje intelectual. Cuando se trata de trasmitir conceptos abstractos, ideas, emociones, sugestiones, etc., lejos de hacerlo a través de la imagen o de la figuración real, trata de trasmitir ideas o contenidos a través de imágenes no reales que trascienden la realidad, así la pintura egipcia o la pintura cubista se llenan de contenido intelectual.
-- Mensaje Sensorial. Trata de provocar en el espectador una emoción o sensación a través de representaciones muy reales, valdría tanto la pintura renacentista, como la impresionista.
-- Mensaje simbólico. Son imágenes que tienen una segunda lectura. En este sentido las representaciones mitológicas o religiosas que conllevan un simbolismo implícito.
-- Mensaje historicista. Cuando representa un hecho histórico, que a través de la imagen se quiere exaltar o propagar.
-- Mensaje social. Suele ir ligado a un sentido propagandístico de un determinado poder político, religiosos, económico, etc. Muchos estilos se han movido en función del mecenazgo que han buscado en la obra de arte su exaltación: lo mismo la monarquía que la iglesia o recientemente los grandes poderes económicos.
-- Mensaje espiritual o religioso. Trata de provocar una emoción, devoción, fervor o miedo en el espectador, en consonancia con unas creencias. Naturalmente también tiene un amplio contenido propagandístico.
Vincent Van Gogh. Café nocturno.


Con frecuencia se admira la destreza del artista al representar los objetos y lo que más gusta son los cuadros y esculturas en los que lo que está representado aparece “como si fuera de verdad”. No se trata de negar que esto es importante. Lo que hay que observar es que también el representar la naturaleza se puede hacer de diversas formas: Por ejemplo, un simple boceto lo puede conseguir aunque presente menos detalles que un gran cuadro al óleo.
Otro problema surge cuando la obra de arte parece haber sido realizada “incorrectamente”. Esto sucede especialmente si las obras pertenecen a una época cercana a nuestros días.
No obstante, seguro que muchas de esas personas disfrutan con los dibujos animados de Disney. Seguro que entonces no se preguntan si Mickey se parece realmente a un ratón o Donald a un pato. Quienes penetran en el mundo de Disney no se preocupan del Arte con A mayúscula. No van a ver sus películas con los mismos prejuicios que cuando contemplan cualquier obra del arte moderna.
Cabría preguntarse ¿qué es lo que queremos de las personas que realizan el arte de nuestros días?  Lo que no nos podríamos preguntar (porque estamos seguros de que la respuesta es sí) es que poseen conocimientos suficientes para dibujar con “corrección”.
Por tanto hay dos cosas que debemos preguntarnos cuando contemplamos una obra de arte en la que encontramos una falta de corrección:
-- Una, si el artista no tuvo sus motivos para alterar la apariencia de la que vio.
--Otras, que nunca debemos condenar una obra de arte por estar incorrectamente realizada, a menos que estemos completamente seguros de que quién está equivocada es la persona artista y no nosotros.
Hay que tener en cuenta que las personas artistas quieren ver el mundo de una forma nueva, sin ningún prejuicio. Sin embargo, no existe mayor obstáculo para gozar de las grandes obras de Arte que nuestra repugnancia a despojarlos de costumbres y prejuicios.

Venus de Willendorf (Austria).


La creación artística es inherente al ser humano, desde la niñez y desde las primeras culturas del Homo sapiens el arte y el hombre son inseparables. René Huygue escribía que “No hay arte sin hombre, pero quizá tampoco hombre sin arte”. La obra de arte es ante todo comunicación, es un código más (como el lingüístico o el matemático) de los creados por el hombre para transmitir sus ideas y sus sentimientos, por eso la creación artística es un lenguaje, además de ser un medio de conocimiento, es un lenguaje, un medio de comunicación. Mediante el arte el hombre imita o expresa lo material o lo inmaterial, el artista expresa imágenes de la realidad física o humana o simplemente sentimientos, sueños o esperanzas. En definitiva, crea copiando, evocando o inventando.
El autor, independientemente de la época y del modo de expresión, es ante todo creador, unas veces respondiendo a criterios o normas de su civilización  y otras expresando sus ideas y sentimientos con mayor libertad. Así, arte es la necesidad de  expresión del ser humano. ¿Por qué esa necesidad? ¿Es por placer estético?  Si así fuera el arte sería el camino hacia la belleza y la belleza es la cualidad de dar placer a los sentidos.

Pero el Arte no siempre persigue la belleza. A veces trata de producir terror (como en algunas pinturas románticas o en las pinturas negras de Goya), o busca temas de tragedia o de dolor. Hoy en día el Arte excluye a menudo la belleza entendida como placer a no ser que tengamos en cuenta el placer que sentimos al admirar la capacidad del artista para representar la realidad, su universo interior o para imaginar la ficción. El Arte, pues, no es belleza y para él es tan importante lo hermoso como lo repelente. Por eso determinamos  es  mucho  más  que  la  belleza:  toda  la  experiencia  humana, hermosa u horrible, placentera o dolorosa, humorística, erótica, absurda, todo puede ser destilado por el artista. El Arte es materia de la que emanan sensaciones porque alguien lo ha querido así.
 Sin embargo, el artista, no se limita a la representación de esa realidad tal y como la percibe, sino que transforma esos datos dándole una interpretación personal que hace que se descubran al ojo humano aspectos ocultos que comienzan a existir gracias al artista que los plasma en su obra. Por lo tanto, el artista no es un descubridor, sino un creador y es por ello por lo que se puede hablar de creación artística. Es en esta dimensión creadora o transfiguradora de las formas visibles, donde radica la esencia de la actividad artística. Paul Klee, en un trabajo sobre el arte moderno, compara la creación de la obra de arte con el crecimiento de un árbol, que hunde sus raíces en el a tierra y despliega su copa en el aire; desde las raíces pasa la savia por  el tronco (en la metáfora el alma del artista) y nutre con plenitud las ramas y las hojas de la copa. Con su actividad el artista arranca sus elementos nutricios a la naturaleza y los despliega brillantemente ante los ojos de los hombres; una humanidad sin obras de arte ofrecería un aspecto tan yermo como una naturaleza sin árboles.
 La prueba de la grandeza de una obra de arte se halla en su capacidad de sublimación, de elevar al espectador en el momento de la contemplación de una obra a un estado de goce y placer que le impresione y excite. Ante una creación artística, el hombre supera sus dimensiones temporales y se coloca en una especie de atalaya atemporal, que no deja de emocionarnos. Por ello, y por encima de las fronteras del espacio y el tiempo el arte aparece como un lenguaje universal, en el que se expresan las dimensiones eternas del espíritu del hombre.

 Antonio Gaudí. Columnas del Parque Güell (Barcelona).

Ya Fischer escribió un libro titulado “La necesidad del arte”. Y esto parece que es así si tenemos en cuenta que el arte siempre ha existido. Si el arte fuera algo superfluo probablemente habría sociedades y épocas históricas en que no se habría dado. Esto no quiere decir que todas las épocas, y sobre todo, todas las culturas produzcan conscientemente arte: es nuestra tradición cultural la que puede considerar como arte algunas manifestaciones de otras culturas. El arte es una necesidad social en cuanto el hombre necesita comunicarse, comprender y dominar la realidad para poder transformarla y progresar. En este sentido, toda sociedad necesita construir y comunicar, fijar y transmitir experiencias, sobre todo por parte de alguno de sus miembros que demuestre determinadas habilidades.

Muchas definiciones se han dado intentando explicar qué es arte, qué es lo que lleva a los artistas a expresar sus capacidades y emociones. No recogeremos aquí sólo algunas que me llaman especialmente la atención:

"... el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? Yo sostengo que el valor del arte reside en su propia inutilidad; la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta; y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo." 

PAUL AUSTER. Discurso en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2006.

"El arte enseña a mirar: a mirar el arte y a mirar con ojos más atentos el mundo. En los cuadros, en las esculturas, igual que en los libros, uno busca lo que está en ellos y también lo que está más allá, una iluminación acerca de sí mismo, una forma verdadera y pura de conocimiento."

ANTONIO MUÑOZ MOLINA: "Ventanas de Manhattan” .

Francisco de Goya. Dos viejos comiendo sopa.



"Ama el arte; de todas las mentiras es, cuando menos, la menos falaz".

GUSTAVE FLAUBERT.

"Pues ese extraño recinto que llamamos arte es como una sala de espejos o una galería de ecos. Cada forma conjura un millar de recuerdos y de imágenes de la memoria".

ERNST GOMBRICHT. 

"El arte no es sino la expresión de nuestro sueño, el que más se entrega a ellos es el que más se acerca a su verdad interior". 



FRANZ  MARC.

“Sin arte la vida sería un error”. 

GOETHE.


Chaïm Soutine. Botones. 


Terminamos con unas presentaciones muy útiles que reflexionan sobre qué es el arte:






Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...