ARTE TORREHERBEROS: Mozárabe
RICHARD ESTES. "Water Taxi, Mount Desert". Óleo sobre lienzo. Kemper Museum of Contemporary Art, Kansas City (Missouri).


BIENVENIDOS A TODOS Y TODAS. Este blog nace con la única pretensión de complementar y facilitar las tareas a los alumnos/as de Historia del Arte de 2º de Bachillerato del IES Torre de los Herberos de Dos Hermanas (Sevilla), así como hacer pasar un rato agradable a todos los amantes del arte. No tiene ninguna otra pretensión intelectual. De los textos es responsable el administrador del Blog, no así de las opiniones expresadas en los comentarios. Las imágenes o fotografías, videos y presentaciones están tomadas de internet mayoritariamente, citando la autoría siempre que ha sido posible; si en alguna de ellas no aparece, es por error o descuido, y ruego que me lo hagan llegar para subsanarlo. Casi todo lo que aparece en estas páginas es libre y abierto, y se puede descargar para otros fines, pidíéndose únicamente que se cite la procedencia.





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domingo, 27 de noviembre de 2011

LA HISTORIA DE LAS PINTURAS DE SAN BAUDELIO DE BERLANGA


En 1957 ingresaban en el Museo del Prado los frescos de San Baudelio de Berlanga. No se trataba de una adquisición, sino de un depósito temporal indefinido del Metropolitan Museum de Nueva York.

Antes que nada decir que esta pequeña iglesia soriana pertenece al estilo mozárabe, estilo prerrománico que hacían los cristianos que vivían en territorio musulmán, pero también los que realizaban muchos cristianos que escaparon de las persecuiones intransigentes en Al-Andalus, y se establecieron al norte del Duero y Ebro y al sur de las cordilleras cantábrica y pirenaicas, siempre en tierras fronterizas. Suelen ser iglesias pequeñas, de materiales pobres con influencias visigodas e islámicas.
Esta pequeña iglesia o ermita de San Baudelio es de principios del siglo XI y está formada por dos cuerpos rectangulares, el más pequeño correspondiente al ábside y el mayor a la única nave principal de la iglesia. Los muros están realizados en mampstería apoyada sobre sillares. En su interior destaca la gran bóveda esquifada que está apoyada en una enorme columa central, de la que arranca arcos de descargas que soportan el peso de la bóveda como si fueran hojas de la gran palmera central. Arriba de la columna hay una pequeña cámara del tesoro. Dispone de cripta, tribuna y los arcos son de herradura. En el siglo XII se la añadieron el impresionante conjunto de pinturas murales románicas.



Todo empezó con la compra de las excepcionales pinturas románicas que vestían los muros de la no menos extraordinaria ermita mozárabe de San Baudelio, cerca de Casillas de Berlanga (Soria). Su recogido interior, dominado por una pétrea palmera que a todos subyuga, cuenta con una original tribuna o coro en alto, sumando todo ello superficies que, en el siglo XII, fueron decoradas por pintores de distinta formación y procedencia.
Estas pinturas, en las que se distinguen bien las manos de tres maestros diferentes, destacando el más hábil de las escenas de la Vida de Jesús, que conocía las fórmulas de la pintura italo-bizantina, y el más espontáneo y expresivo de las escenas de caza, de fuerte carácter hispánico, fueron descubiertas y publicadas en 1907 por el arqueólogo José Ramón Mélida y el arquitecto Manuel Aníbal Álvarez. Más tarde, en 1917, se declaraba Monumento Nacional la ermita y, poco después, Manuel Gómez Moreno incluía a San Baudelio en su interesante estudio sobre las Iglesias Mozárabes, donde se lee: “¡Júntanse a los primores de la construcción, las pinturas murales, en su mayor y mejor parte desaparecidas vergonzosamente…!”.


El eminente polígrafo se refería a uno de tantos episodios de la liquidación del patrimonio español habidos en nuestro siglo XX, sutilmente condimentado por la codicia y la pobreza, por el mundo caciquil de la España anterior a la Guerra Civil y las obediencias políticas de la etapa franquista.
En pocas palabras, conocida la importancia de estas pinturas, amaneció en 1922 por Casillas de Berlanga un tal León Leví, que ofreció 75.000 pesetas a los propietarios de la ermita de San Baudelio por arrancar las pinturas, pues éstas pertenecían a varios vecinos de Casillas, a todos los cuales la Administración no había comunicado la mencionada declaración de Monumento Nacional. Este defecto de forma dio cobertura legal a la venta de las pinturas murales, hábilmente ayudada por un interesado registrador de la propiedad de Almazán. Este registrador cobró por sus honestos y patrióticos servicios 30.000 pesetas y las pinturas se las llevó un judío.


De nada sirvieron las denuncias de la Comisión Provincia de Monumentos de Soria; la oposición del obispo y cabildo de Sigüenza, a cuya diócesis pertenecía la ermita; los informes de la Asesoría jurídica del Ministerio de Instrucción Pública y de la Junta de Excavaciones; una Real Orden de 31 de enero de 1923, suspendiendo la venta; informes varios y en contra de las Reales Academias de Bellas Artes y de la Historia; el derecho de retracto y tanteo por parte del Estado; etc. Al final, tras un largo pleito en el que con gran habilidad se barajan leyes, plazos, influencias, el Tribunal Supremo, en una resolución que sonroja por lo cínico de la argumentación, falló en 1925 a favor de la legitimidad de la venta de las pinturas románicas a León Leví.

¿Qué pasó, entre tanto, con las pinturas? Éstas habían sido arrancadas, en parte, por expertos italianos, cuando se produjo la denuncia de la Comisión e Monumentos, siendo obligados entonces a reintegrarlas. En esta reposición intervino el pintor Elías de Segura quien, en 1923, hizo unas fieles copias para el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Pero tras el mencionado fallo, las pinturas fueron de nuevo arrancadas y pasadas a lienzo sobre bastidor con destino a Estados Unidos, a la colección de Gabriel Dereppe de Nueva York, que pensaba hacer negocio con ellas. Pero allí no interesaron a Morgan, ni a Mellon, ni a Videner, ni a ninguno de los grandes coleccionistas americanos, por entonces más encandilados con los primitivos italianos y barrocos flamencos, y sólo el Museo de Boston adquirió La Última Cena y Las Marías en el sepulcro, dos de los mejores paños del conjunto. Más tarde, el Museo de Indianápolis se interesó por La entrada en Jerusalén y otros fragmentos menores, pasando el resto al Museo de los Claustros de Nueva York.


Más no quedó aquí la dispersión de este excepcional grupo de pinturas románicas, sino que un parcial viaje de vuelta, el museo neoyorkino, necesitando un ábside románico para aquel singular conjunto concebido con los despojos olvidados de la Europa medieval, propuso un canje al Estado Español: “¡piedras a cambio de pinturas!”. En efecto,, el Museo de los Claustros de Nueva York había echado el ojo a otro Monumento Nacional, la iglesia románica de Fuentidueña (Segovia), ofreciendo a cambio la reja de la Catedral de Valladolid (hoy en el Metropolitan Museum de Nueva York), un Greco (actualmente en la colección Stirling-Maxwell de Glasgow), cuarenta platos hispanomoriscos de la colección Hearst, seis fragmentos de los tenidos como menores de las pinturas de San Baudelio, o bien una serie de objetos por un valor máximo de 100.000 dólares. El Ministerio de Educación escogió las pinturas de San Baudelio y un Consejo de Ministros (12-VII-1957), autorizó el cambio de la iglesia por las pinturas, de un Monumento Nacional por otro Monumento Nacional, ambos tan protegidos por la Ley como inermes ante el poder político.
Ahora, ya podemos seguir viendo los despojos de San Baudelio de Berlanga en el Museo del Prado.




Para terminar, os dejo un video con una recreación virtual de como eran las pinturas de  San Baudelio de Berlanga:


viernes, 16 de septiembre de 2011

BEATOS, LOS LIBROS MÁS BELLOS DEL MUNDO

 Beato de Fernando I y doña Sancha. "El Cordero y la Cruz adorados". F 6v. 
Biblioteca Nacional de Madrid.


Si hay un capítulo realmente sorprendente en la historia del arte medieval español ese es justamente el de los Beatos, esos manuscritos maravillosos, de una riqueza pictórica por encima de cualquier otra producción medieval europea. Resulta difícil saber cómo se crearon esas miniaturas en los pequeños reinos cristianos entre los siglos X y XIII, pero todavía lo es más explicar por qué.
Ni Castilla ni el resto de España han estacado precisamente por una tradición ilustrativa de códices a lo largo de la Edad Media, como podría ser el caso de Italia o de Francia. Ni de los conventos donde surgen estos manuscritos se podría decir que fuesen lo suficientemente ricos como para permitirse estos trabajos tan lujosos y caros.
Lo cierto es que hoy día los Beatos representan el capítulo más rico de las miniaturas de todo el arte medieval europeo, tal como afirmaba Umberto Eco, escritor y experto en arte y literatura medievales, al referirse a ellos como “los libros más bellos del mundo”.
¿Qué es realmente un Beato? Un Beato es un Comentario al Apocalipsis escrito por Beato de Liébana e ilustrado al menos a partir del siglo X en diferentes escritorios conventuales. Al ir copiando este Comentario de Beato se le iban añadiendo no sólo imágenes sino también nuevos textos, de forma que con el tiempo, algunos Beatos alcanzaron una complejidad enorme, como es el caso, por ejemplo, del Beato de Gerona. Las copias se fueron multiplicando cada vez más. Cuanto más antiguo, más fieles al testo de Beato de Liébana; cuanto más tardíos, mas complejos y diferentes.
Los primeros destinatarios de los Beatos fueron los propios monasterios, aunque tampoco haya que descartar que, al menos en algún caso, fuesen a parar a las librerías de algunas catedrales. Con el tiempo los propios reyes se convirtieron en coleccionistas de algún Beato.
Pero la historia comienza en Liébana. Un presbítero de la Liébana, conocido con el nombre de Beato, compuso un Comentario al Apocalipsis del que ofreció la versión definitiva en el año 786. Próximo a la corte del rey asturiano Silo, no dudó en defender con su palabra y sus escritos la vacilante fe de los cristianos sometidos a los musulmanes, al inicio de la Reconquista. Desde 789, Beato sería venerado como santo.

 Beato de Fernando I y doña Sancha. "El arca de Noé". F 109. Biblioteca Nacional de Madrid.


En realidad, su Comentario al Apocalipsis es una suma de citas encadenadas de fuentes exegéticas y patrísticas de Ambrosio, Gregorio, Ticonio, Isidoro y otros. Textos creados a veces con otros fines, con los que Beato quiso transmitir la impresión de que formaban parte de un proyecto unitario destinado a lograr una profunda transformación espiritual entre los fieles, a la búsqueda de su edificación y elevación moral. Quizás, también, con el deseo de preparar adecuadamente a los cristianos ante un próximo final del mundo.

El monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde vivió el monje llamado Beato y donde escribió las obras que le han hecho célebre, está situado en el centro del valle de Liébana en Cantabria, cuya capital es la villa de Potes. Liébana fue ya un territorio importante en la época prerromana, a juzgar por los testimonios arqueológicos que nos han llegado. A la caída del Imperio Romano, la comarca de Liébana pasó, como el resto de Cantabria, a estar bajo control visigodo. Hacia finales del siglo VI se produce, por una parte, la total cristianización del valle gracias a la predicación de monjes que venían de la Meseta. Precisamente Santo Toribio de Palencia, que dio nombre al monasterio donde vivió Beato, parece que fue el fundador de este monasterio, llamado originariamente de San Martín Turonense hasta que en el siglo XIII cambió su nombre por el de Santo Toribio.
La llegada de los árabes a España obligó a no pocos nobles y eclesiásticos a buscar refugio en tierras inaccesibles como el valle de Liébana. Surgen así, entre los siglos VIII y IX, numerosos monasterios en la zona y, con ellos, un notable incremento en la producción agrícola y ganadera.

 Beato del Burgo de Osma. "La mujer y el dragón". F 186v. Biblioteca Nacional de Madrid.

Las historias narradas de esta obra están espaciadas en doce libros y a ellas se añadieron otros textos, como el relativo al Arca de Noé y su comparación con la iglesia, al final del libre segundo, o un extracto de la Ciudad de Dios de San Agustín sobre el Anticristo, en el libro sexto. Textos complementarios de los que el más importante llegaría a ser el Comentario de Daniel de San Jerónimo. Textos, en fin, a los que de inmediato les acompañaron las correspondientes ilustraciones. La contemplación de las imágenes, dispuestas preferentemente entre la historia y su explicación, una vez que se leía y memorizaba el texto, contribuía a fijar sus contenidos y a que el lector se adentrara en el camino de la meditación interior.
Todos estos textos ponen de manifiesto que Beato debió disponer de una buena biblioteca bajo la guía segura de San Isidoro de Sevilla. Ni el original de Beato ni el modelo de Ticonio, del que aquel se sirvió, han llegado hasta nosotros, por lo que hay que acudir a los ejemplares que vieron la luz en el ambiente cultural monástico del reino de León, área de repoblación cristiana a comienzos del siglo X. Fue entonces cuando las pequeñas imágenes del manuscrito de Beato, pintadas directamente sobre el pergamino y sin enmarcar, dieron paso a representaciones monumentales que llegaron a ocupar hasta un doble folio, cuando tomó cuerpo la división de los fondos en bandas de colores opuestos colocados escalonadamente, unos encima de otros y de acuerdo con una fórmula que recordaba lo carolingio. Ahora, también, la fuerza de la luz y los colores, la jerarquía de las proporciones y el contraste de los ángulos de vista confirieron a las figuras el poderío que les ha hecho tan dignas de admiración. También, al quedar suprimida toda sugerencia de volumen y acentuar las posibilidades expresivas del color se crearon las condiciones idóneas. Así lo entendió también Magio, pintor del Beato de San Miguel de la Escalada, al añadir en su colofón el siguiente texto: “A fin de embellecerlo pinté una serie de miniaturas para las maravillosas palabras de sus storiae, con objeto de que los prudentes teman la llegada del juicio futuro”.

 Beato de San Andrés de Arroyo, Palencia. "El fuego de Babilonia". F 147v.  
Bibliothèque nationale de France, París.

Magio era consciente del enorme predicamento de los textos del Comentario de Beato. Pero fue la presencia de las miniaturas tan deslumbrantes lo que convirtió estos libros en objetos de prestigio de los monasterios del Norte peninsular. El patrocinio regio acabó por asegurar su supervivencia en los siglos del románico.

Los estudiosos de los Beatos han dividido las dos docenas de Beatos que han llegado hasta nuestros días en dos familias. Una agrupa a aquellos ejemplares que, al ceñirse más directamente al original, disponen de ilustraciones relativas al Apocalipsis colocadas tras las “storiae” y es el Manuscrito Vitr. 14-1 de la Biblioteca Nacional, aunque el Beato de Burgo de Osma, procedente del Monasterio de San Facundo de Sahagún y fechado en 1086, es, probablemente, el más celebre de todos. Se hizo en escritura hispana o visigótica en un momento en que la liturgia y la letra hispánica fueron sustituidas, respectivamente, por la romana y la carolingia
En cualquier caso, ha de considerarse como el primer Beato románico, emparentado con las pinturas de San Isidoro de León y hay que reconocer sus aportaciones en el terreno de la decoración y la iconografía. Han sido justamente reproducidos su “Mapamundi”, primera miniatura que asigna a Compostela el papel relevante que tenía ya entre sus contemporáneos, y el tema del “Anciano de la luz blanca e infierno”, con una representación del infierno de gran atractivo y muy imitada, poblado de diablos de tez oscura, expresivos castigos y condenados desnudos que sienten las mordeduras de las serpientes.
La segunda familia de Beatos es donde se encuentran los más lujosos. Tal vez el más importante es el Beato de San Miguel de la Escalada o Beato Morgan, del que conocemos el nombre de su miniaturista: Magio, pero no queda tan claro cuando se terminó. Podría asegurarse que por su estilo se acerca al quehacer artístico de mediados el siglo X. Nos muestra un estilo refinado, con un cambio de trabajo de Magio y una sólida formación, que le llevó a conocer libros miniados carolingios y de la Antigüedad tardía. Y todo ello sin olvidar las referencias islámicas: el arco de herradura que encuadra una escena es significativa.
Claro que a veces se tomaban alguna licencia, como aquí ocurre con las efigies de la bestia y el dragón, tan cercanas en algunos aspectos: la representación del mal, imagen del Imperio Romano primero y del Islam ahora, siendo sus adoradores los no creyentes. El Beato de Gerona es famoso igualmente por la cantidad y riqueza de sus ilustraciones que llegaron a incluir un programa de la vida de Cristo.

 Beato de Fernando I y doña Sancha. "Bestia ascendiendo del abismo". 
Biblioteca Nacional de Madrid.

El calificativo de lujoso ha sido atribuido también al Beato de Fernando I y doña Sancha, quienes, en 1047, vieron terminado el extraordinario manuscrito que llevaría su nombre y hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Dos magníficos miniaturistas se ocuparon de las pinturas que nos causan asombro por el rigor del dibujo, el dominio de la composición y la sensibilidad del color. Se mantuvo, eso sí, el respeto por la tradición; es por este motivo por lo que en la escena de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, símbolo de la devastación, además de mantener fondos y marco que evocan los Beatos de antaño, se han conservado la disposición y atributos de los jinetes. Pero el último de ellos, la Muerte, se ve acompañada de un infierno de una fealdad nueva y cautivadora.
El Beato de San Andrés del Arroyo es posterior por su renovado naturalismo y una puesta en escena más verosímil: anticipa las detalladas ambientaciones de la miniatura alfonsí. Es el mejor ejemplo del afán que, a caballo del siglo XIII, vio reverdecer el interés por los Beatos; pero no fue más que un espejismo, pues su tiempo había pasado ya. El tema del Juicio Final alcanza en esta obra el carácter de obra maestra. Ha sido arrancada la parte de la izquierda da composición, que representaba a Cristo en el Juicio y sólo nos queda el castigo de los condenados: éstos desfilan apesadumbrados, atados por una cuerda, a las órdenes del diablo de espolones y cuernos pronunciados. Reyes, obispos, abades, dignatarios y pueblo llano, vestidos con los ropajes que los identifican, parecen barruntar el fragor que destila la enorme boca del infierno; la rueda dentada que va cortando en trozos los cuerpos de los condenados es el primer suplicio al que apunta el diablo que tira de la cuerda.

Bibliotecas, coleccionistas, estudiosos, editores y curiosos han otorgado a estos Beatos, en tiempos recientes, un prestigio todavía mayor si cabe que el que gozaron en los tiempos altomedievales. También el final del recorrido del Apocalipsis era triunfante: tras el Juicio Final, tras ver bajar del cielo a la Jerusalén ansiada, un ángel mostró a Juan la ciudad nueva en la que el Señor Dios había de alumbrar a sus moradores, que reinarían por los siglos de los siglos.

 Beato de la Seo de Urgell. "Ángeles ante el altar de Dios". F 106. Archivo de la Seo de Urgell.

Los monasterios de Tábara (Zamora), San Miguel de la Escalada (León), San Millán de la Cogolla (La Rioja), San Facundo de Sahagún (León) y San Pedro de Cardeña (Burgos) fueron algunos de los recintos conventuales donde se compusieron los mejores Beatos. Con el tiempo, sus scriptoria diluyeron su función y los códices siguieron caminos diversos: algunos llegaron a perder la vinculación nominal con los centros que los vieron nacer. El precedente de San Miguel de la Escalada se conserva desde el año 1919 en la Pierpont Morgan Library de Nueva York, siendo conocido sobre todo por el nombre de su miniaturista: Magio. El manuscrito de Girona se terminó en  el año 975, probablemente en Tábara, y fue legado a la catedral catalana en 1078. Una copia, realizada en el siglo XII y que fue a parar a Turín, ha dado pie a que se le denomine con el nombre de Beato de Turín. Peor fortuna tuvo en su trasiego el Beato de San Pedro de Cardeña, que sufrió una dolorosa mutilación en el siglo XIX: el Museo Arqueológico Nacional se hizo  en 1871 con el grueso de sus folios maltratados; otros acabaron repartidos entre el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Museo Diocesano de Girona y una colección particular. Triste final para un Beato tan hermoso.

 Beato de Fernando I y doña Sancha. "El Juicio Final". F 250v-251. 
Biblioteca Nacional de Madrid.



Tomado de Cortés Arrese, Miguel: "Beatos". Revista Conocer el arte. Número 2. Abril, 1999.


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