ARTE TORREHERBEROS: LOS GRABADOS DE GOYA (2). LOS DESASTRES DE LA GUERRA
RICHARD ESTES. "Water Taxi, Mount Desert". Óleo sobre lienzo. Kemper Museum of Contemporary Art, Kansas City (Missouri).


BIENVENIDOS A TODOS Y TODAS. Este blog nace con la única pretensión de complementar y facilitar las tareas a los alumnos/as de Historia del Arte de 2º de Bachillerato del IES Torre de los Herberos de Dos Hermanas (Sevilla), así como hacer pasar un rato agradable a todos los amantes del arte. No tiene ninguna otra pretensión intelectual. De los textos es responsable el administrador del Blog, no así de las opiniones expresadas en los comentarios. Las imágenes o fotografías, videos y presentaciones están tomadas de internet mayoritariamente, citando la autoría siempre que ha sido posible; si en alguna de ellas no aparece, es por error o descuido, y ruego que me lo hagan llegar para subsanarlo. Casi todo lo que aparece en estas páginas es libre y abierto, y se puede descargar para otros fines, pidíéndose únicamente que se cite la procedencia.





sábado, 17 de abril de 2010

LOS GRABADOS DE GOYA (2). LOS DESASTRES DE LA GUERRA

Desastre de la guerra nº 7. Que valor. Aguafuerte y aguatinta. 1810-1815.

En esta escena se ve a la heroina zaragozana, Agustina de Aragón, que tras la muerte de todos los hombres, se atreve a disparar un cañón y consigue la retirada de los franceses. Goya deja de lado a los enemigos y también la ciudad de Zaragoza; solo muestra los cañones y a la delgada jóven, de pie sobre unos cadávares. Es una de las pocas estampas de la serie en la que se aprecia una heroicidad.

Desde la realización de Los Caprichos hasta el estallido de la Guerra de la Independencia, en 1808, Goya hace muy pocos grabados. Entre 1800 y 1808 sólo hace dos estampas al aguafuerte y aguatinta de asunto similar: "Paisaje con edificios y árboles" y "Paisaje con cascada". Un tercer grabado, "Dios se lo pague a usted", también aguafuerte y aguatinta, parece entre dramático y jocoso: un ciego con su guitarra, corneado por un toro, que adelanta algunos aspectos de la posterior serie de la Tauromaquia.
El periodo que media entre 1808 y 1814 está presidido por acontecimientos turbulentos para la historia de España, pues a partir del motín de Aranjuez Carlos IV se ve obligado a abdicar y Godoy a abandonar el poder. Tras el levantamiento del dos de mayo dará comienzo la llamada Guerra de la Independencia.
En 1807 las tropas francesas pasan la frontera y en 1808 llegan a Madrid. Goya tiene 62 años y como muchos de los madrileños liberales, ilustrados y francófilos se encuentra en una situación contradictoria. Por un lado , esperan que los franceses lleven a cabo las esperadas reformas; por otro, se sienten heridos en su orgullo de españoles al estar invadidos por extranjeros. Goya, pintor de la corte, no perdió nunca su cargo, pero no por ello dejó de tener preocupaciones a causa de sus relaciones con los ilustrados afrancesados. Sin embargo, su adscripción política no puede ser aclarada con los datos de que se disponen hasta ahora. Al parecer no se significó por sus ideas, al menos públicamente, y si bien muchos de sus amigos tomaron decidido partido por el monarca francés, no es menos cierto que tras la vuelta de Fernando VII continuó pintando numerosos retratos reales. El alzamiento del pueblo español de mayo le cogió en Zaragoza. En diciembre ya está otra vez en Madrid.
A partir de ahora su tema central será la guerra, la guerrilla de los españoles contra los soldados de Napoleón, una guerra marcada por un odio y unas atrocidades hasta entonces desconocidas en la historia bélica europea. Goya empieza a llenar su álbum de bocetos de asesinatos, torturas y violaciones, y empieza a trasladar estas escenas tan violentas a planchas de metal.

 Desastre de la guerra nº 36. Tampoco. Aguafuerte y aguatinta. 1812-15.

Se ve a un soldado francés distendido después de haber hecho su trabajo (su rostro no muestra ni satisfacción ni odio), que observa a un hombre que acaba de perder la vida. Goya coloca al ajusticiado en primer plano. Sólo se ven retazos de un paisaje con matorrales y otros dos árboles cortados, con sendos ahorcados.

Así se inicia la serie de los "Desastres de la Guerra", compuestas por 82 estampas realizadas entre 1810 y 1815. En vida de Goya sólo se imprimieron dos juegos completos de los grabados, uno de ellos regalado a su amigo y crítico de arte Ceán Bermúdez, pero permanecieron inéditos. La primera edición apareció en 1863, publicada por iniciativa de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Siguieron otras en 1892, 1903 y 1906.
Se trata de imágenes sin una estricta toma de partido, ni en favor de los ideales de la Revolución Francesa ni de la fama del propio país. Tanto franceses como españoles son víctimas de la crueldad y en muchas ocasiones ni siquiera resulta fácil observar en que bando mata o muere cada uno. Todo esto es nuevo en el arte occidental; desde los egipcios y griegos, la guerra siempre se hacía para honrar a los vencedores, para cantar sus hazañas. Pero a Goya sólo le interesa reflejar cómo tratan los hombres a los hombres, como el caos y la lucha hacen delos ciudadanos bestias.
Los Desastres de la Guerra se suelen interpretar como una documentación auténtica de la guerrilla y de su especial crueldad. Pero, al margen de los cadáveres, de los heridos y muertos de hambre, el pintor prácticamente no vio nada más. No es un corresponsal de guerra, sino que muestra los productos de su imaginación. Al igual que en los Caprichos, su fantasía está dominada por temores, por las amenazas a las que se siente sometido. Su sordera, la pérdida de orientación que resulta de esta y la consecuente inseguridad probablemente impulsaran estos temores. Si antes le angustiaban los murciélagos, ahora le atormentan las visiones de tortura y muerte. Así, en esta serie de grabados las mujeres son asaltadas, maniatadas, asesinadas, pero nunca son víctimas de mutilaciones violentas. Esa forma de muerte la reserva Goya a los hombres: son las fantasías masculinas las que dan un acento especial a sus estampas de guerra.



Desastre de la guerra nº 64. Carretadas al cementerio. Aguafuerte y aguatinta. 1812-15.

La guerra va devastando al país. En la ciudad las personas mueren de hambre, los primeros los pobres. Aquí se ve como van subiendo a cadáveres, que se encuentran en las calles, en un carro para enterrarlos. Son personas anónimas que han perdida la vida por una de las consecuencias de la guerra.

Las estampas tuvieron inicialmente el propósito de constituir un álbum patriótico, pero conforme adelantaba su trabajo Goya amplía los temas para abordar todo tipo de desgracias y sucesos de la guerra provenientes de cualquiera de los dos bandos, pues en muchas de las estampas no es posible identificar quienes son los autores de los horrores. La cohesión temática de los Desastres, en la que no se aprecian discontinuidades temporales entre los asuntos de sus tres partes, vendría a confirmarlo. Estas son:
-- Primera parte (estampas 1 a 47), con estampas centradas en la guerra.
-- Segunda parte (estampas 48 a 64), centrada en el hambre, bien sea consecuencia de los Sitios de Zaragoza de 1808 o de la carestía de Madrid entre 1811 y 1812.
-- Tercera parte o «Caprichos enfáticos» (estampas 65 a 82), que se refieren al periodo absolutista tras el regreso de Fernando VII. En esta sección abunda la crítica sociopolítica y el uso de la alegoría mediante animales. La temática de la guerra desaparece y hay una idea común de una crítica al absolutismo.



Desastre de la guerra nº 1. Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer. Aguafuerte y aguatinta. 1810.

Un hombre aparece arrodillado con las manos extendidas y mirando al cielo. Este primer grabado abre la serie. El hombre en actitud de implorar, de soledad frente a unas circunstancias que le superan, viene a ser un poco el sumario de lo que se va a ver en las siguientes estampas: La soledad del hombre frente al desastre, frente a la guerra, la injusticia, a la iniquidad o simplemente la barbarie. Frente a las que se encuentra solo y a merced de las mismas.


En cuanto a la temática, la mayoría de las estampas de la primera parte representan ajusticiados, unos sin procedimiento legal alguno, otros tras una justicia sumaria (incluso algunos cruelmente linchados). A partir de la estampa 48 las muertes se deben a las consecuencias que la guerra tiene en la sociedad. Hay fallecidos a causa de la enfermedad, el frío y la inanición, o todos juntas a la vez. La muerte es el tema más constante en todas sus formas y circunstancias. Todos comparten la condición de víctimas, desde los franceses ante las mujeres o el populacho, hasta los frailes. La línea de denuncia política será la predominante en la tercera parte a partir de la estampa 65, en el segmento denominado «caprichos enfáticos», donde el asunto se traslada a la crítica de las clases sociales adictas al nuevo régimen absolutista imperante. Así, se critica la devoción por reliquias e imágenes o a los nuevos secuaces de la restauración absolutista en España.
Los "Desastres de la guerra" suponen una visión de la guerra en la que la dignidad heroica ha desaparecido y este es una de las características de la visión contemporánea de los conflictos. Lo único que aparece en Goya es una serie de víctimas, hombres y mujeres sin atributos de representación, que sufren, padecen y mueren en una gradación de horrores. Se trata de una visión de denuncia de las consecuencias sufridas por el hombre en tanto que ser civil, despojado de simbología y parafernalia bélica.


Desastre de la guerra nº 33, ¿Qué hay que hacer más?. Aguafuerte y aguatinta. 1812-15.

Unos soldados franceses emasculan o matan a un español que no se puede defender, de una manera salvaje. La escena es tremendamente cruel: como si de ganado sacrificado y dispuesto a ser troceada su carne, unos soldados tratan de mutilar a un ciudadano cortándolo en canal. Es un esperpento, no se sabe si reir o llorar. Esta escena seguramente no la vió el pintor, pero la brutalidad y la muerte espoleaban su imaginación.

Las figuras aparecen lejos del espectador, que contempla los acontecimientos descritos, y se incorporan a una acción más amplia y gloriosa, un hecho histórico. Goya procede de manera inversa: acerca consirablemente al espectador, que ya no está distante de los acontecimientos, que ya no contempla una gran panorámica, sino que está casi metido en ellos. Y no sólo ha variado la distancia entre las figuras y el espectador, también éstas se han acercado entre sí: hay lucha cuerpo a cuerpo, verdugos y ejecutores están tan próximos a sus víctimas, que casi forman el mismo cuerpo: los verdugos no son sino la prolongación de las víctimas. La muerte está cerca, literalmente cerca del hombre que a ella se enfrenta y que a ella sucumbe. La muerte no es un acontecimiento distante y retóricamente entrevisto: es un acontecimiento próximo que no afecta al hombre, sino a unos hombres, cuyo heroísmo no es sino superviviencia, exasperación y barbarie. El momento de morir viene al primer plano y la ejecución no es la simple desgracia que se ven obligados a ahacer otros hombres, es el exceso mismo de la crueldad en que todos, en cuanto universo de sus acciones, se ven implicados.
Al igual que sucedía en Los Caprichos, ahora con mayor intensidad, también con mayor libertad y habilidad, el artista recurre a la disposición espacial y al contraste lumínico para alcanzar el énfasis trágico, la sublimidad trágica. Espacio y luz crean un mundo específico, dominio del terror, de medida no humana, como de medida inhumana, en su extremada crueldad, son los asuntos que aquí aparecen. Y todo ello es lo que hace que sus obras sean tan actuales, que se acerquen a nuestra sensibilidad: esta violencia, este mundo infernal es, sin embargo, violencia e infierno de los hombres.



Desastre de la guerra nº 37. Esto es peor. Afuafuerte lavado. 1812-15.

En la escena se ve como una rama de un árbol atraviesa el cuerpo de un hombre mutilado y le sale por el hombro. Al fondo, los franceses luchando. La dureza es tremenda y escalofriante y habla por sí sola. Destacan en la imagen además una factura anatómica clásica, casi bella al lado de ese cuerpo destrozado.Con seguridad, no es ninguna escena realista de la guerra, sino la visión de Goya de una persona atormentada.

Tras la derrota de Napoleón y la salida de José I de España, Fernando VII, el hijo de Carlos IV, comienza a reinar y restaura el absolutismo. Las purgas empujan al exilio a 50.000 españoles, pero Goya se queda en Madrid ¿Se siente demasiado viejo? ¿Cree que su fama le protege?¿No quiere perder su pensión como pintor de cámara? La Inquisición lo cita por "La maja desnuda" pero no lo castiga; Fernando VII se muestra indulgente. De 1814 datan también sus obras más ambiciosas acerca de los sucesos que desencadenaron la guerra: "La carga de los mamelucos" y "Los fusilamientos del tres de mayo", auténticos alegatos contra la violencia criminal y la barbarie de la guerra, además de exaltación de patriotismo del pueblo español. La génesis de estos cuadros (que parecen pintados justo tras los sucesos de 1808, pero que tarda seis años en realizarlos) es poco heroica: Goya lo pinta para granjearse la confianza del tirano Fernando VII, para conservar su pensión. Hay en ello cierto oportunismo práctico, que forma parte del carácter del pintor. Fernando le conserva, benevolente, la pensión; sin embargo, los dos lienzos van a parar al almacén. La sublimación del pueblo no es compatible con sus ideas de monarca absoluto.

Desastre de la guerra nº 77. ¡Esto es lo peor!. Aguafuerte y aguatinta. 1810-14.

Un lobo va anotando en unos pliegos de papel mientras una hilera de personas se acercan a él encabezadas por un clérigo.
El lobo escribe "Mísera humanidad la culpa es tuya. Casti", que remite al escritor italiano Giambattista Casti, autor del poema Gli animali parlanti (Los animales parlantes), traducido al español en 1813, en que aparece el verso "Schiava humanitá, la colpa e tua".

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De la misma época de los Desastres, Goya hace seis pruebas (1810-18) de un grabado que lleva por título "El Coloso". Esta obra hace pensar en la pintura del mismo título que se conserva en el Prado, que ahora se discute su autoría. La figura del Coloso puede relacionarse con el tema de la melancolía, en especial si se atiende al gigante sentado sobre lo que puede se el mundo, vuelto hacia el firmamento, quizá hacia la divinidad, con la luna y el espacio infinito como fondo. Si se relaciona con la guerra, estamos ante una figura simbólica, capaz de sembrar el terror con su sóla presencia, de dimensiones desmedidas, gigantescas. Esa figura capaz de aterrorizar puede recibier el nombre de Napoleón, el gigante, la divinización del emperador, el coloso de la guerra del que todos huyen.


El coloso. 2ª prueba. Aguafuerte bruñida. 1810-1818.


Para ver y tener un comentario de cada estampa, ver esta página.


Quiero dedicar esta entrada a Su Majestad, Carolus II, Rex Hispaniarum, por tener al pintor de Fuendetodos como su preferido, pudiendo elegir a los grandes retratistas de su gloriosa dinastía como A. Moro, J. Pantoja de la Cruz, D. Velázquez, J. Carreño de Miranda o Claudio Coello.

10 comentarios:

Madame Minuet dijo...

Es verdad, jiji, monsieur Carolus se ha ido a otra epoca. Pero es comprensible. Goya resulta un durisimo competidor.

De los que nos muestra hoy me fascina especialmente el de Agustina de Aragon. Recuerdo que lo utilicé en la entrada que le dediqué a Agustina en mi otro blog. Es que es impresionante lo fragil que resulta su figura, tan menuda, alzada sobre una pila de cadaveres para poder disparar el cañon.

Buenas noches, monsieur

Bisous

Sônia dijo...

Vim agradecer pela sua visita em meu blog e dizer que estou te seguindo, teu blog é muito interessante,um abraço brasileiro.

Cayetano dijo...

Goya reparte mandobles a diestro y siniestro. Nada ni nadie se salva de su crítica. Esta vez le toca el turno a la bestia en que se convierte la humanidad en guerra, degradada y cruel. Cuando dejamos que la razón duerma, la sinrazón se apodera de los actos humanos.
Un saludo.

clariana dijo...

La guerra es un horror en ese tiempo que vivió Goya, en cualquier otra época y en nuestro tiempo. Se multiplica el odio y las personas se matan sin piedad.
En esa época era muy crudo, muy cruel por esos enfrentamientos de verdugos y víctimas que describe tan magistralmente Goya en sus grabados.
Ahora un soldado aprieta un simple botón dentro de un avión bombardeo y se desencadena una barbarie, una desgracia, allí abajo. Ese soldado no se ha ensuciado con la sangre que ha provocado ni ha asistido al cruel espectáculo.
Tenemos más recursos y continuamos igual o peor que antes.
Me han parecido muy interesantes esos grabados y valoro muy positivamente a Goya, al denunciar la guerra en los "Desastres" ayudándose de su imaginación.
Saludos afectuosos.

Rosa Maria dijo...

Paco,
Teu Blog ganhou mais uma visitante assídua: Eu!:D
Me encanto a cada entrada que aqui faço.
Um beijo!

Nati dijo...

Hola soy Nati, estoy de visita en los blog que por una razón u otra me llaman la atención.
Claro que el tuyo tiene muchas razones por lo que llama la atención aunque te diré que la principal es porquè tiene una cosa muy especial que ningun otro tiene y ese algo tan especial eres tú, me parece un blog muy interesante que se merece que entre mas despacio y dedicarle tiempo para ver todo lo que tienes subido,felicidades por lo que estás consiguiendo.
Yo he decidido quedarme como segidora.
Y tengo un blog al que me gustaria invitarte se llama:"los Cuentos de Nati", si te gusta y crees que merece la pena compartirlo con todos mis amig@s te espero con todo mi cariño y seria un honor para mi que te quedaras.
Hasta pronto, besos Nati.
Te deseo lo mejor para todos los días de tu vida.

CAS dijo...

vine de visita con intención de quedarme un rato, pero a pesar de que acá es un día feriado, me reclaman por razones de trabajo. no quiero irme sin felicitarte por la elección de Drexler,
un uruguayo que nos honra con su exquisita poesia y dulce voz. Vuelvo por Goya!!! un abrazo

CarmenBéjar dijo...

Los grabados de los Desastres de la Guerra impresionan por su crueldad y por presentar una verdad descarnada y fría. Como un cronista de guerra moderno, Goya introduce en sus obras la visión de los horrores cometidos por ambos bandos, como una reflexión de la naturaleza humana.

El primero de los impactados por la guerra debió de ser precisamente el propio autor, pues siempre admiró las ideas de Francia frente al atraso de la vieja España. Y, sin embargo, los admirados franceses no trajeron con ellos las ideas revolucionarias, sino muerte, muerte y muerte. Aún así, él no se deja llevar por el patriotismo bajo, sino que se eleva a reflexiones aplicables a la Humanidad entera.

Gran entrada, Paco. Enhorabuena.

Un saludo

CAS dijo...

Qué disfrute leerte.. qué buena mirada la tuya que nos ayuda a ver. De Goya me parece fantástica, esa a visión de artista, humana, frente a la barbarie: hay hombres que sufren la guerra "una visión de la guerra en la que la dignidad heroica ha desaparecido ". El motivo es la tragedia de la guerra y no la apología de nada.
Un abrazo.

PACO HIDALGO dijo...

MADAME MINUET: A mí el grabado de Agustina de Aragón es también uno de los que más me impresionan; pero tiene tantos tan dramáticos y violentos...

SONIA: Muy agradecido por tu paseo por aquí; también un fuerte abrazo para tí y para todos los brasileiros.

CAYETANO: Llevas mucha razón en que Goya no se casa con nadie y reparte estopa a todo aquel que se lo merece. Cómo decía Freud, la vida del hombre es la lucha entre la razón y los instintos más bajos; si aquella se duerme...

CLARIANA: La guerra es un horror y una barbaridad ahora y en cualquier momento y circunstancia histórica, con mazas y garrotes o con misiles autodirigidos; no hemos aprendido nada.

ROSA MARÍA: No sabes cuanto me alegro por tenerte como asidua visitante. Muchas gracias y siempre eres bienvenida.

NATI: Te excedes en las palabras que pronuncias de halago hacia el blog; gracias por quedarte y yo también visitaré tu espacio.

CAS: Bienvenida de nuevo. Mira, aquí también estamos de fiesta, aunque yo no. Sobre lo que dice Goya lleva mucha razón: la guerra no tiene dignidad ninguna. Y no sabes lo que me gusta Jorge Drexler...

CARMEN: Tú lo has dicho bien, Goya hace la labor de periodista, de cronista de guerra que transcribe lo que le cuentan, lo que oye y lo que se imagina de una guerra: miseria, hambre, violaciones, torturas, asesinatos, espanto... y sin tomar partido, desde fuera.

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